CUANDO QUEDARSE NO ES UNA OPCIÓN: EL ÉXODO DE LAS DEPORTISTAS CUBANAS

Atletas cubanas enfrentan el exilio para continuar sus carreras. Melissa Hurtado, Thalía de Armas y Ayumi Leyva son algunas de las 70 deportistas que emigraron entre 2022 y 2024, escapando del control estatal y la falta de recursos en Cuba. Judo, balonmano y hockey encabezan las disciplinas con más fugas.

Por Odette González

Foto Routers

A finales de enero de 2023, en una base de entrenamiento en Amiens —a dos horas de París—entre el eco de los golpes en un tatami gastado y el murmullo de los compañeros del equipo cubano, Melissa Hurtado sintió el peso de una decisión largamente meditada. Durante la gira preparatoria para acumular puntos de cara a los Juegos Olímpicos de 2024, y ante la realidad en Cuba, no lo dudó: regresar a la Isla equivaldría a renunciar a sus sueños. Por lo que, antes de lo planificado, Hurtado y una compañera se decidieron a abandonar la delegación cubana. La sensación de dejar atrás todo lo conocido fue abrumadora, pero también estaba la certeza de que esa «era la oportunidad de luchar por su propio camino».

«Si regresaba, perdía mi carrera». Con esta frase, la judoca Melissa Hurtado resume la encrucijada en la que se encuentran muchas deportistas cubanas. 

Como ella, decenas de atletas han optado por el exilio ante la imposibilidad de desarrollarse dentro del sistema deportivo del país. La falta de recursos, el estricto control estatal y la ausencia de autonomía sobre sus propias carreras las han empujado a escapar en busca de oportunidades. Algunas, como la tenimesista Thalía de Armas y la judoca Ayumi Leyva, lo hicieron en escalas de viajes oficiales o tras contratos gestionados por el Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación (INDER). 

Estos no son casos aislados. Según un análisis realizado para este reportaje, solamente entre 2022 y 2024 casi 70 deportistas cubanas emigraron en busca de mejores oportunidades en el extranjero. La edad promedio de las atletas que abandonaron Cuba fue de entre 23-26 años, lo que indica que la mayoría de ellas se encuentran en la plenitud de su carrera deportiva.

«El perfil de las atletas que emigran ha cambiado porque ha cambiado la realidad y el contexto socioeconómico-político del país. Hace 10 o 15 años atrás no había una desesperación tan marcada como existió en el 2022, 2023 y 2024, de salir en cualquier delegación, de aprovechar cualquier oportunidad. En Cuba había un nivel de vida pobre, pero no tan caótico como ahora en este último lustro», señala el periodista especializado en la emigración de deportistas cubanos Francys Romero, refiriéndose a que la crisis migratoria abarca desde las primeras figuras y campeonas olímpicas hasta jóvenes que apenas están despuntando en su carrera. 

En el periodo mencionado, México se posicionó como el principal país receptor, con al menos 27 deportistas emigrando hacia allí, debido a su cercanía geográfica y la cantidad de torneos en los que participaron atletas cubanas. Le siguieron París (11), Chile (7), Estados Unidos (6) y Canadá (5). Otros destinos incluyen España (4), El Salvador (2), Guatemala (1), Brasil (1), Serbia (1) y Japón (1). 

A su vez, los deportes con mayor índice de fugas fueron el judo, con 12 casos, seguido del balonmano (9), hockey (7), baloncesto (7) y lucha (6). Además, disciplinas como atletismo (5), béisbol (5), karate (3) y remo (3) también registraron la salida de varias competidoras, evidenciando que la fuga de talento se extiende a la mayoría de las especialidades. Otras disciplinas en las que también se reportaron casos fueron voleibol (2), bádminton (1), pentatlón moderno (1), taekwondo (1), gimnasia (1), halterofilia (1), pelota vasca (1) y tenis de mesa (1).

En este reportaje, conocemos los testimonios de tres deportistas que han emprendido ese camino: Melissa Hurtado, Thalía de Armas y Ayumi Leyva. A través de sus experiencias, se reflejan las razones que llevan a cientos de atletas a dejar el país, los desafíos que enfrentan tras su salida y la lucha constante por mantenerse en la élite deportiva en el extranjero.  

Judoca Melissa Hurtado: «Empezar de cero ha sido lo más duro»

«Lo más duro ha sido empezar de cero, lejos de mi familia y mi país, sin saber qué iba a pasar», confiesa la judoca Melissa Hurtado Muñoz. Para muchas deportistas, las opciones para salir de Cuba se reducen a dos: escapar de una delegación durante una competencia o preparación internacional o romper un contrato con una liga extranjera. Melissa eligió la primera. El 27 de enero de 2023, durante una gira de entrenamiento en Francia, escapó del equipo, un paso premeditado tras años de frustración.

«Los tatamis estaban deteriorados y conseguir suplementos o una dieta adecuada para el alto rendimiento era prácticamente imposible», recuerda. Su salario como atleta apenas llegaba a los 3.500 pesos cubanos mensuales, una cifra insuficiente incluso para cubrir productos esenciales. «Esto hacía muy difícil sostenerme económicamente y, mucho menos, invertir en mi desarrollo con una mejor alimentación, suplementos o equipo de entrenamiento adecuado», agrega. 

A estas carencias se sumaba el control estatal sobre su carrera, impidiéndole negociar contratos o acceder a oportunidades en el extranjero sin la aprobación del Gobierno. «Viajar para competir o entrenar en mejores condiciones depende de permisos oficiales, y si un atleta decide irse por su cuenta se le considera un ‘desertor’ y pierde todo reconocimiento en Cuba. Esto hace que muchos deportistas se sientan atrapados», explica la subcampeona de los Juegos Centroamericanos y del Caribe de 2018.

Desde 1962, cuando el INDER abolió el deporte profesional en Cuba, esta entidad se convirtió en la única autorizada para gestionar y controlar el desarrollo, las competiciones y las actividades de los atletas en la Isla; incluso su participación en ligas extranjeras. Cualquier club o equipo del exterior interesado en un deportista cubano debe negociar exclusivamente con la federación de su disciplina, bajo los términos que las autoridades consideren pertinentes.

«Aunque logré salir legalmente, siempre existe el miedo a represalias, porque el sistema no ve con buenos ojos que los deportistas busquen oportunidades fuera del país… pero si regresaba, perdería mi carrera y la oportunidad de convertirme en la atleta que quería ser», afirma Hurtado. Por eso decidió quedarse en el extranjero, aunque dar ese paso no fue sencillo.

La noche previa a su escape, el miedo y la incertidumbre se mezclaban con la adrenalina. «Junto con otra judoca, tomamos la decisión antes de lo planeado. Fue un torbellino de emociones. No sabíamos con certeza qué iba a pasar después, pero también había una convicción interna de que estábamos dando un paso hacia algo mejor», recuerda. 

Más allá del desafío emocional, la incertidumbre legal y económica también pesaba sobre ella. «No sabíamos bien cómo funcionaban las cosas en Francia ni qué pasos seguir para establecernos. Fue un proceso de adaptación complicado, lleno de dudas y momentos de estrés. No hablaba francés, no conocía a nadie y todo era completamente nuevo. No tenía cabeza para pensar en el deporte ni en entrenar. Los primeros días fueron un caos mental, tratando de procesarlo todo y aceptar que estábamos empezando de cero en un país desconocido», dice.

Un amigo cubano residente en España la puso en contacto con un profesor de judo en Madrid, quien, a su vez, tenía vínculos con otra judoca cubana. Gracias a este contacto se integró al Judo Club Kaizen, donde pasó aproximadamente tres meses. Durante ese tiempo, recibió apoyo en entrenamiento, alojamiento y respaldo económico por parte de los miembros del club, lo que le permitió sobrellevar sus primeros meses en el exilio.

«Después de ese tiempo en España, decidí regresar a Francia ya que, tras hablar con varias personas, incluidos abogados, entendí que lo más conveniente era solicitar asilo en el país donde inicialmente me había quedado. Francia era el lugar donde tenía el derecho a realizar ese trámite», explica. 

Su determinación la llevó a buscar oportunidades hasta que conoció a Fernando López, entrenador principal de MMA Factory Paris. «Me dejaron entrenar un día y, tras evaluarme, me dieron la oportunidad de quedarme», cuenta.

Desde entonces, MMA Factory Paris se convirtió en su hogar deportivo, brindándole la oportunidad de forjar una nueva carrera en las Artes Marciales Mixtas (MMA). En solo ocho meses de entrenamiento, no solo se preparó para su debut en la disciplina, sino que también compitió en Jiu-Jitsu Brasileño, donde logró varias victorias y se consagró campeona de Francia en cinturón azul No-Gi.

Su evolución en el MMA ha sido rápida, pero no exenta de desafíos. «En el mundo del MMA, especialmente en niveles profesionales, sigue habiendo menos oportunidades y visibilidad para las mujeres en comparación con los hombres. Pero eso nunca fue un obstáculo para mí, sino una motivación para demostrar mi valía», afirma. Finalmente, en marzo de 2024, hizo su debut en MMA con un triunfo que confirmó su potencial. 

«Empezar de cero, lejos de mi familia y mi país, sin saber qué iba a pasar, ha sido lo más duro», reflexiona Melissa. A pesar de todo, se mantiene firme en su objetivo de convertirse en campeona de Ares y, eventualmente, llegar a la UFC. A largo plazo, aspira a abrir su propio club exclusivo para mujeres y a seguir desarrollando su proyecto Women Machines MMA. 

«No solo quiero ganar peleas; quiero hacer historia», concluye. Algo que, sin duda, difícilmente hubiera conseguido en Cuba. 

Tenimesista Thalía de Armas: «Tenías que pensar como ellos»

Para las deportistas cubanas, la emigración no es solo una búsqueda de mejores condiciones, sino una salida inevitable de un sistema que las asfixia. Francys Romero lo resume así: «El sistema tiene múltiples fallas y de ahí se desprenden todas las razones para que las deportistas quieran emigrar. Creo que no hay una razón que prevalezca por encima de la otra, no es lo económico por encima de la falta de oportunidad. Es una falla de un sistema que no puede mantener a sus atletas, a sus ciudadanos, dentro de un país con las condiciones normales de vida que existen. El sistema falló en lo económico, en la política, falló en todo lo demás. Y es un sistema sobre todo atrasado con respecto al mundo, es un sistema amateur, sin competiciones profesionales, y es muy difícil mantener atletas así». 

Thalía de Armas es una de esas deportistas que sintió en carne propia las grietas de este sistema. Llegó a España el 8 de febrero de 2023 mediante un contrato gestionado por el INDER con el Club CTM Jerez. Sabía que al finalizar su contrato en mayo debía regresar a Cuba, pero también tenía claro lo que eso significaba: volver a la precariedad y a un sistema que, en lugar de impulsar su desarrollo, lo frenaba.

«El salario era insuficiente incluso para cubrir necesidades básicas. Los accesos a recursos eran muy pocos, ya que dependíamos de quien viajaba para, por ejemplo, armar una raqueta, o de algún extranjero que venía a entrenar o competir y nos ayudaba con material. Apoyo estatal no había, lo que se conseguía era a través del patrocinio», recuerda la joven de 22 años.

La noche antes de su vuelo de regreso, algo terminó de convencerla de que no debía volver: «Fui a un supermercado y agarré unos “chupa-chupas” para venderlos allí (en Cuba). Me detuve un momento y dije: “Yo esto no lo quiero para mi vida, sé que voy a volver a estar sin dinero y me voy a arrepentir de haber vuelto”». 

Su decisión tuvo consecuencias inmediatas. El club rompió relaciones con ella. «El club no quiso seguir conmigo por términos legales, ya que tenía un contrato con la federación cubana», explica. A pesar de este obstáculo, logró fichar por otros equipos y actualmente es jugadora y entrenadora en el Club Oviedo Tenis de Mesa.

Además de las dificultades económicas y deportivas, su carrera en Cuba estuvo marcada por el control estatal y la discriminación por razones ideológicas. «Tenías que pensar como ellos o hundían tu carrera», afirma. Su abuelo, opositor al régimen, fue un factor que afectó directamente su trayectoria. «Querían mantenerme fuera del entorno de mi abuelo solo porque era opositor», relata. 

Desde 1959, el régimen cubano ha utilizado el deporte como una vitrina política, presentando cada triunfo internacional como prueba de la supuesta superioridad del modelo socialista. Sin embargo, detrás de esta fachada, los atletas enfrentan restricciones, precariedad y un férreo control ideológico que limita tanto su desarrollo profesional como su libertad personal.

Una de las sanciones más drásticas impuestas a los deportistas que deciden no regresar a Cuba o romper con la Federación es la prohibición de regresar al país durante ocho años. Para muchos, esta medida tiene consecuencias devastadoras a nivel personal. Tal fue el caso de Thalía, quien, tras su llegada a España, sufrió la pérdida de su abuelo. «No poder despedirme de él fue lo más difícil», dice con tristeza.

La sanción impuesta por la Federación Cubana la mantiene alejada de su familia y le impide visitar su país durante ocho años. Esta medida no es exclusiva para los deportistas; el Gobierno cubano la aplica a los profesionales y ciudadanos a quienes considera «desertores» por no culminar con los tiempos determinados para trabajar fuera del país, o no regresar en la fecha establecida. 

En la práctica, se trata de un destierro sin respaldo legal. Aunque popularmente se conoce como la «Ley de los Ocho Años», esta prohibición no está legislada como una norma jurídica específica. Ni la Asamblea Nacional, ni el Consejo de Estado, ni el Consejo de Ministros han promulgado una ley que establezca expresamente esta restricción. No obstante, el Estado la aplica de manera sistemática a través de regulaciones migratorias o de relaciones exteriores. 

«No poder volver a Cuba por tanto tiempo es duro, pero no me arrepiento de mi decisión», asegura Thalía. 

Sobre su proceso de adaptación en España comenta: «Me quedé sola y aún continúo mi vida en este país sola». Al principio, tuvo que enfrentarse a la incertidumbre de no saber cómo se desarrollaría su carrera. «Con la ayuda de Dios y poniéndole ganas, las cosas van a mejorar», se repetía en los primeros meses tras su llegada.

Ahora ha logrado consolidarse en la liga española. Pasó de jugar en División de Honor a enfrentar a jugadoras de alto nivel con resultados satisfactorios. Y, a pesar de los retos, Thalía sigue firme en sus metas: «Mi expectativa es mantenerme entre las mejores jugadoras de la liga y ser una buena entrenadora».

«Romper cadenas», ganar combates: La historia de Ayumi Leyva 

Con solo 19 años, la judoca Ayumi Leyva tomó una de las decisiones más importantes de su vida: escapar durante una escala en Madrid, en su viaje al clasificatorio Panamericano Junior de Cali, en agosto de 2021. «En Cuba no tenía las condiciones para entrenar y mi salario era de 20 dólares mensuales. Siempre supe que allí no tenía posibilidades de crecer en el deporte. Tenía que salir para poder ser alguien en el judo», dice Ayumi. 

Por eso, ni siquiera llegó a la competición. En cuanto aterrizó en Barajas no lo dudó. Sabía lo que tenía que hacer. Llevaba tiempo planeándolo y contaba con el apoyo su madre. Durante la escala escapó con una compañera y solicitaron asilo a la Policía en el control de pasaportes del aeropuerto. 

Al llegar, tras pedir asilo político, estuvo varios meses en una casa de acogida en Madrid. Pronto, su talento la llevó al Centro de Alto Rendimiento de Judo en Valencia, donde comenzó a entrenar bajo la guía de los exolímpicos Sugoi Uriarte y Laura Gómez. 

«Fue muy duro cuando llegué porque no tenía a nadie en España y me sentía sola y asustada, pero siempre confié en el proceso. La parte económica muy mal, no tenía de dónde sacar dinero ya que no podía trabajar. De vez en cuando mi hermana me ayudaba en lo que podía». 

En enero de 2022 dijo al diario español Marca: «En Cuba, los entrenadores nos maltrataban, nos humillaban constantemente; incluso si nos lesionábamos, teníamos que seguir entrenando. Llegó un punto en que no aguantaba más».

«Era la primera figura en -48 kg en Cuba, pero no veía futuro ni soportaba más las humillaciones. Nos amenazaban con que, si hablábamos, nos echaban», relata.

Hoy, Ayumi confirma que este fue uno de los motivos clave para su decisión de emigrar: «Un día, un entrenador me humilló tan fuerte que supe que no quería seguir en ese equipo. Me dije a mí misma: “Este no es mi sitio”».

En 2023, Ayumi obtuvo la nacionalidad española y comenzó a destacar en el circuito internacional. En 2024 ganó el bronce en los Grand Slam de Antalya y Astaná. En diciembre de ese año sumó un oro en el Europeo Sub-23 en -52 kg. Recientemente, en febrero de este año, alcanzó otra medalla de bronce en el Grand Slam de París.

Lo que más extraña de Cuba es a su madre. Hablan todos los días, pero la distancia le pesa. No poder compartir sus triunfos con ella es una de sus mayores tristezas. Precisamente, «lo más duro que he vivido en este proceso es dejar la familia atrás, la despedida de mi madre», de la que tendrá que estar separada por bastante tiempo. «No puedo entrar a Cuba por ocho años y me dan muchas ganas de ver a mi madre», lamenta. 

A pesar de todo, su determinación sigue intacta. Su meta es clara: «seguir cosechando éxitos y convertirse en una de las mejores judocas del mundo. La vida es una sola, y hay veces que tenemos que afrontar cosas duras por el camino».

***

Las experiencias de Melissa, Thalía y Ayumi son parte de un patrón cada vez más común en el deporte cubano, donde la emigración de atletas no solo ha sido constante, sino que ha crecido de manera alarmante en los últimos años.

Uno de los antecedentes más notorios fue el caso de Niurka Montalvo. Nacionalizada española en 1999, la saltadora de longitud vio frustrada su participación en los Juegos Olímpicos de Sídney 2000 debido a la Norma 46 de la Carta Olímpica, que impide a los deportistas representar a un nuevo país hasta tres años después de su cambio de nacionalidad. A pesar de este veto, Montalvo continuó compitiendo hasta 2006.

Años después, en 2018, Yulenmis Aguilar, una de las mejores jabalinistas cubanas, fue expulsada del equipo nacional sin explicaciones. Durante años vio su carrera estancada hasta que en 2020 llegó a España sin dinero ni recursos. «Llegué sin un euro en el bolsillo, como todos los inmigrantes, pero Raimundo [Fernández] fue un padre para mí», recuerda sobre su entrenador. Con mucho esfuerzo logró lo que parecía imposible: en 2024, representó a España en los Juegos Olímpicos de París.

Otras atletas han abandonado Cuba no solo por falta de oportunidades, sino por la decepción con el sistema deportivo. Yarelis Barrios, multimedallista mundial en lanzamiento de disco, dejó la Isla en 2022 tras años de frustración. «Tomé la decisión de partir porque, de veras, ya era insostenible la situación», explicó al llegar a Estados Unidos tras realizar la ruta migratoria centroamericana. Barrios intentó impulsar mejoras en las condiciones de los atletas tras su retiro en 2016, pero sus propuestas fueron ignoradas. Ese mismo año, el Comité Olímpico Internacional le retiró su medalla de plata de Beijing 2008 por un supuesto positivo en dopaje, una acusación que siempre negó. «No quiero recordar los aterradores momentos vividos cuando José Ramón Fernández [entonces presidente del Comité Olímpico Cubano] quería obligarme a declararme culpable. Yo le repetía una y mil veces que no lo haría porque no era justo». Cuando el COI le exigió la devolución de la medalla, Barrios ya no la tenía: la había vendido en eBay por 11,600 dólares para poder sobrevivir.

Para otras, la decisión de irse fue impulsada por la precariedad extrema en la que entrenaban. Dailis Suárez, jugadora de hockey, abandonó la delegación cubana en mayo de 2023 junto a dos compañeras durante un torneo en Gran Canaria. «No lo pensé dos veces. Pensé en mi futuro y en mi familia, y dejé todo atrás por algo mejor», contó a 14yMedio. Las condiciones en Cuba eran deplorables: entrenaban con equipos deteriorados y una alimentación deficiente. «Entrenábamos con hambre, porque no había pan para el desayuno. Hacíamos tres sesiones de entrenamiento con el estómago vacío», denunció.

Dos años después, Suárez sigue en España, pero sin poder volver al hockey profesional. Ahora reside en Jumilla, Murcia, donde trabaja como ayudante de cocina.

Las historias de todas estas mujeres son fragmentos de una misma realidad. La emigración de las deportistas cubanas no es un acto impulsivo, sino una necesidad impuesta por un contexto donde la falta de recursos se combina con la presión política y la ausencia de autonomía sobre sus propias carreras. Para muchas de ellas, permanecer en la Isla significa ver truncados sus sueños, sin medios ni independencia para avanzar en sus disciplinas. Sin embargo, dar el paso hacia el exilio no es sencillo: implica alejarse de la familia, renunciar a la selección nacional, enfrentar sanciones y empezar de cero en un entorno desconocido, muchas veces sin apoyo ni garantías de éxito.

Aun cuando logran salir de Cuba, muchas enfrentan barreras adicionales para continuar sus carreras en el extranjero. Según Francys Romero, aunque la emigración deportiva afecta a hombres y mujeres por igual, las oportunidades para reinsertarse en el deporte profesional no son las mismas: «No creo que exista una diferencia abismal entre ambos sexos en cuanto a oportunidades. Sí es más complicado reinsertarse en el deporte femenino profesional cuando emigras porque no son las mismas oportunidades que brinda quizás el sistema olímpico. Por ejemplo, si se quedan tres hockeyistas que jugaban en el equipo nacional de hockey en Cuba, como ocurrió en 2023 en Chile, es muy complicado en el ámbito femenino, mucho más que en el masculino, volver a entrar a un equipo nacional de otro país».

Además de las dificultades para acceder a ligas y equipos nacionales, las deportistas que emigran enfrentan obstáculos adicionales para reinsertarse en el ámbito profesional debido a la desigualdad de género en el deporte. Aunque en muchos países esta brecha se ha reducido, aún cuentan con menos financiamiento y visibilidad que sus colegas masculinos, además de una marcada disparidad salarial. A esto se suman factores sociales y culturales, como la presión de priorizar la familia sobre la carrera deportiva, una barrera que sigue presente en diversas sociedades. La maternidad también supone un desafío significativo, ya que puede afectar tanto el rendimiento como la continuidad en la competición.

Pero el mayor peso que cargan las deportistas cubanas no es solo la incertidumbre de su futuro profesional. Es la imposición de un sistema que las castiga por tomar las riendas de sus propias carreras y que les cierra las puertas de su país y de sus familias. La sanción de los ocho años, la falta de reconocimiento a su esfuerzo una vez que emigran y la presión ideológica son obstáculos que siguen marcando el destino de quienes deciden escapar. Y, aun así, lo siguen haciendo. Porque, a pesar de los desafíos, muchas han encontrado en el exilio la posibilidad de alcanzar lo que en Cuba era un sueño imposible. Hoy, compiten bajo otras banderas, entrenan en condiciones dignas y construyen un camino que les pertenece. 

Incluso aquellas que no logran continuar sus carreras deportivas han encontrado, aunque no sin sacrificios, una vida más estable y segura, con oportunidades que jamás habrían tenido dentro del sistema cubano.

Melissa Hurtado lo sabía desde el principio: «No podía pensar solo en el deporte, sino en todo lo que implicaba alejarme de mi familia, dejarlo todo atrás y lanzarme a lo desconocido», pero con la certeza de que estaba tomando la mejor decisión posible.

Sobre la Autora

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Odette González

Graduada en Filología por la Universidad de La Habana (2008) y residente en Madrid desde 2017. Editora y periodista independiente con una trayectoria centrada en la defensa y promoción de los derechos humanos, especialmente en el contexto cubano. Cuenta con un Máster en Periodismo y Comunicación Deportiva. Ha formado parte del equipo editorial de CubaNet Noticias y ha colaborado con medios como YucaByte.

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