
PROFESIONALES SIN FUTURO: EL DRAMA DE UNA VOCACIÓN PERDIDA EN CUBA
Por Nolbert David Sánchez
Foto cortesía del autor
Los profesionales en Cuba enfrentan bajos salarios (10-50 USD), inflación y precariedad. La escasez de docentes y recursos médicos afecta educación y salud. Muchas mujeres asumen doble carga laboral y doméstica. La migración aumenta ante la falta de oportunidades. Mientras el sector privado ofrece alternativas, el Estado no garantiza condiciones dignas, profundizando la crisis.
Cuando alguien pronuncia la palabra «maestra», se evoca una figura que inspira, transforma y guía. Para Gladys, esa palabra alguna vez encapsuló todo su mundo e identidad. Graduada de Licenciatura en Español y Literatura por la Universidad José Martí, en la provincia de Camagüey, recuerda con nitidez los años de sacrificio dedicados a alcanzar su meta de enseñar.
El cambio no fue inmediato ni fácil. Gladys relata cómo, poco a poco, las condiciones laborales y económicas fueron erosionando la pasión que alguna vez sintió por enseñar. «Llegó un punto en el que el salario no alcanzaba para lo más básico, y tenía que decidir entre continuar en algo que amaba o buscar una forma de sostener a mi familia», confiesa con un dejo de tristeza. Esa encrucijada, tan común entre los profesionales de la educación en su país, marcó el comienzo de una etapa de incertidumbre y renuncias.
«Mi sueño siempre fue ser maestra, llegar a los niños, enseñarles, especialmente a aquellos que tienen dificultades», dice. Sin embargo, su realidad actual dista mucho de aquella vocación que la llenaba de satisfacción. Hoy, Gladys trabaja como manicurista, un oficio que, aunque le permite subsistir, no llena el vacío emocional que le dejó abandonar su profesión.
La pérdida del prestigio profesional
Ser profesional en Cuba alguna vez fue sinónimo de respeto, estabilidad económica y realización personal. Sin embargo, en el contexto actual, cada vez más profesionales enfrentan una realidad desalentadora: salarios insuficientes, un mercado laboral restringido y la necesidad de buscar alternativas económicas que muchas veces los alejan de sus sueños y vocaciones.
Foto: Nolbert David Sánchez
Educación gratuita, oportunidades limitadas
Cuba, un país conocido por su sistema educativo gratuito y su alta tasa de graduados universitarios, enfrenta una paradoja dolorosa: la falta de oportunidades dignas para sus profesionales. Según datos recientes del Ministerio de Educación, el déficit de 17,278 docentes en septiembre de 2023 refleja una crisis en el sector educativo que trasciende las aulas.
Esta situación no solo afecta a los profesionales, sino que también tiene un impacto directo en la calidad del sistema educativo. Con menos docentes en las aulas, las escuelas deben recurrir a soluciones temporales, como aumentar la cantidad de estudiantes por clase o contratar personal no capacitado para cubrir las vacantes. A su vez, genera un círculo vicioso: los maestros que permanecen enfrentan una mayor carga laboral, lo que incrementa el desgaste y refuerza la decisión de muchos de abandonar la profesión.
Foto: Nolbert David Sánchez
Un salario insuficiente y falta de insumos médicos en los hospitales
Los salarios de la mayoría de los profesionales, oscilan entre los 2100 y 4000 pesos, equivalente a 10 y 50 dólares mensuales. Sin embargo, el costo de los bienes esenciales para la vida diaria supera ampliamente esta cifra, con un valor superior a los 150 dólares. Ya que la canasta básica, apenas cubre una parte mínima de las necesidades. Este desequilibrio ha llevado a muchos a abandonar sus trabajos en la parte pública para dedicarse a actividades mejor remuneradas en otros sectores, como el turismo, la gastronomía o servicios personales.
La situación no es exclusiva del magisterio. Médicos, ingenieros, abogados y otros. Las condiciones laborales locales no reflejan ese prestigio. La historia de Gladys y Liliana es un microcosmos de lo que enfrentan miles de profesionales cubanos.
Gladys confiesa que su trabajo actual como manicurista le genera más ingresos que su antigua labor como docente. «Es triste porque uno se compara. En el sector de la belleza gano mucho más que trabajando para el Estado», expresa con evidente frustración. Este contraste, para Gladys, no solo es un golpe en términos económicos, sino también un recordatorio doloroso de cómo el sistema actual parece desestimar el valor de quienes educan a las futuras generaciones.
La calidad de los insumos médicos es otro aspecto que ha impactado significativamente los servicios de salud. Este tema fue admitido por el primer ministro Manuel Marrero Cruz durante su intervención en la Asamblea Nacional del Poder Popular el año pasado. Como consecuencia, muchos profesionales de la salud se ven obligados a «inventar» soluciones, mientras que otros optan por renunciar, temerosos de enfrentar denuncias por posibles malas prácticas ante la crítica escasez de recursos.
Dianelis, una joven médico graduada de la universidad de Ciencias Médicas en Las Tunas, comparte su experiencia: «No fue fácil estudiar en esa institución, pero lo logré porque desde niña había soñado con ser médico y ayudar a las personas. Para asistir a la universidad, debía viajar 45 km, y las condiciones eran realmente malas». Al comenzar su carrera profesional, la dura realidad la golpeó: «No había insumos para atender a los pacientes, ni siquiera medios de transporte. Trabajé en el policlínico de Manatí, en Las Tunas, pero esta situación me llevó a dejar mi puesto. Nadie puede imaginar la impotencia que siento; deseaba con todo mi corazón ayudar a quienes lo necesitaban, pero las condiciones básicas que deberían estar presentes en cualquier centro médico simplemente no existían».
Foto: Nolbert David Sánchez
Las dificultades adicionales de ser mujer profesional en Cuba
Por otro lado, la historia de Claudia ilustra la carga adicional que enfrentan muchas mujeres en Cuba. Como médica general, trabaja largas jornadas en un consultorio de barrio, en el municipio de Placetas en la provincia de Villa Clara, donde el salario oscila entre 4000 y 7000 pesos, contando las guardias, pero esto apenas cubre una parte de los gastos básicos de su hogar. Madre de dos niños pequeños, Claudia dedica horas a las tareas domésticas y al cuidado de su familia, por lo que, según cuenta, no puede hacer muchas guardias al mes.
«Ser mujer en Cuba es como tener dos trabajos. Te esfuerzas para ser buena en tu carrera, pero también se espera que seas la que lleve la casa. Y todo esto, ganando menos de lo que necesito para pagar el uniforme de mis hijos», explica.
El contexto laboral y económico en Cuba afecta a todos los profesionales, pero las mujeres enfrentan desafíos adicionales debido a las desigualdades de género. Según un informe reciente de ONU Mujeres, las cubanas dedican un promedio de siete horas diarias a trabajos no remunerados (tareas del hogar y cuidado de familiares), lo que limita sus oportunidades para desarrollarse plenamente en el ámbito laboral.
Según el mencionado informe las mujeres profesionales suelen ser más propensas a aceptar trabajos precarios o informales, ya que estos les permiten mayor flexibilidad para atender sus responsabilidades familiares. Como resultado, enfrentan una doble penalización: menores ingresos y menos reconocimiento profesional. Para Claudia, la médica entrevistada, esta situación es particularmente frustrante: «Somos las que más sacrificamos, pero las que menos recibimos. Y eso no es justo».
Foto: Nolbert David Sánchez
La inflación, la migración y la búsqueda de nuevas alternativas
El economista Omar Everleny Pérez Villanueva ha señalado que el salario promedio en Cuba es insuficiente para cubrir las necesidades básicas. Según sus cálculos, un cubano necesitaría un ingreso superior a 32,000 CUP mensuales para acceder a bienes esenciales, mientras que el salario real promedio está muy por debajo de esa cifra. Esto explica por qué muchos profesionales buscan alternativas en el sector privado, donde pueden obtener mayores ingresos.
Además que la inflación ha agravado la situación, ya que los salarios nominales no han aumentado al mismo ritmo que los precios. Por lo que ha reducido aún más el poder adquisitivo de los trabajadores estatales, empujándolos hacia el sector privado o incluso hacia actividades informales.
La migración se ha convertido en una opción cada vez más común. Según datos preliminares de 2023, más de 300,000 cubanos emigraron durante el año, muchos de ellos profesionales en busca de mejores oportunidades.
Tal es el caso de Liliana, que tras terminar sus estudios, buscó desarrollarse como profesional, pero pronto se dio cuenta de que ser maestra en Cuba era un camino lleno de limitaciones. Los bajos salarios y las condiciones laborales precarias hicieron que abandonara su trabajo, dejando atrás lo que alguna vez había sido su sueño. Liliana cobraba como profesora unos 4000 pesos mensuales, de ahí solo podía comprar «un paquete de pollo, un pomo de aceite, arroz y algo de aseo personal»,. «No quería vivir subyugada por un sueño que no me satisfacía», confiesa.
Sin perspectivas de futuro en su país, Liliana tomó la difícil decisión de emigrar a Surinam. Este paso no fue sencillo, especialmente siendo mujer, enfrentando no solo los desafíos económicos, sino también el peso del machismo y la misoginia que muchas veces la rodeaban. Liliana explica que ahora se desempeña como camarera, y con lo que gana, puede vivir bien y ayudar a su familia en Cuba.
Una de las situaciones que más problemas le causó en la universidad fue su forma de vestir. Aunque asegura que usaba ropa similar a la de las demás chicas, una profesora la molestaba constantemente. «Yo me vestía igual que las otras, pero como era gorda, parece que la profesora quería que usara más ropa. Me desaprobaba en las evaluaciones, al punto de casi hacerme perder un año», relata.
Al igual que Liliana, Dianelis también decidió abandonar su país debido a la falta de oportunidades laborales y su oposición al gobierno. Actualmente reside en los Estados Unidos, donde trabaja como Manager en Wendy's. «Ahora no dependo de nada ni de nadie. No solo cubro mis necesidades básicas, ayudo a mis padres también; desde que llegué a este país, vivo como una persona y no tengo que sobrevivir como lo hacía en Cuba», afirma. Aunque no ha podido ejercer la medicina en su nuevo hogar, Dianelis destaca la diferencia en la atención médica: «El año pasado me convertí en madre, y no puedo explicar lo distinto que es todo en los hospitales aquí en comparación con los de mi país. Es triste».
Foto: Nolbert David Sánchez
El éxodo de profesionales, una realidad alarmante
En 2023, aproximadamente 43,000 trabajadores se desvincularon del sistema nacional de salud cubano, de acuerdo con información proporcionada por la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI). Esta oficina considera como abandonos las bajas de médicos, enfermeros, estomatólogos, así como del personal auxiliar y administrativo, entre otros. Al cierre de 2022, el total de trabajadores era de 464,118, mientras que en 2023 esa cifra descendió a 421,120.
La migración de médicos cubanos y profesores se ha convertido en un fenómeno creciente que refleja tanto la búsqueda de mejores condiciones de vida como las tensiones en los sistemas sociales y económicos de la isla. Enfrentando las limitaciones salariales y falta de recursos en sus respectivos campos, se ven impulsados hacia países que les ofrecen mayores oportunidades laborales y estabilidad económica.
La aspiración de muchos cubanos es emigrar. Gladys habla de la migración como una idea que cruza constantemente su mente. «Sería muy difícil dejar a mi familia», asegura. Pero permanecer en Cuba no ha sido sencillo. La frustración, la falta de reconocimiento y los bajos salarios en el sector educativo terminaron por desmotivarla.
«Cuando tienes un sentido de pertenencia, realmente te importa lo que haces. Es muy triste cuando comienzan a pisotearte y menospreciar tu trabajo», relata con tristeza. La desvalorización profesional no solo afecta su autoestima, sino también sus anhelos. «He sentido pena al dejar mis sueños, porque ser maestra era lo que me llenaba como persona».
La necesidad de un cambio estructural
Las historias antes contadas son solo una muestra de una problemática que afecta a miles de cubanos. Las decisiones que toman los profesionales, ya sea migrar, trabajar en el sector privado o dedicarse a actividades informales, tienen consecuencias personales y sociales profundas.
El contexto económico y laboral en Cuba presenta desafíos significativos, particularmente para las mujeres, quienes suelen asumir una carga considerable dentro de la sociedad. Resulta importante crear espacios de diálogo en la sociedad cubana que permitan visibilizar estas problemáticas y trabajar en soluciones conjuntas. Entre las posibles estrategias se encuentran la implementación de políticas orientadas a garantizar salarios adecuados y la promoción de la igualdad de género en el ámbito laboral.
Como dice Gladys: «No queremos más que lo justo: vivir dignamente de lo que sabemos hacer. Pero mientras eso no sea posible, solo nos queda sobrevivir».