
ENTRE FRONTERAS Y FIRMAS AUSENTES: EL DRAMA DE LAS MADRES CUBANAS QUE NO PUEDEN EMIGRAR CON SUS HIJES.
Por Afrika Reina
Foto cortesía de la autora generada por IA
En Cuba, muchas madres no pueden emigrar con sus hijes debido a restricciones legales. La ausencia del padre o la falta de su firma para tramitar pasaportes bloquea la salida de menores. A pesar del Código de las Familias de 2022, los procesos judiciales son largos y frustrantes. La crisis migratoria afecta a miles, dejando a familias separadas y sin opciones claras para reunirse.
En Cuba, las madres ya no solo luchan por un plato de comida o un poco de luz: ahora pelean por sacar a sus hijes de una Isla que se hunde.
Yelenia*, por ejemplo, nunca soñó con Italia. Lo que quería era quedarse, pero la falta de leche para su hija de seis años, y las noches sin electricidad la empujaron a buscar una salida. Cuando encontró una visa, chocó con un muro: el padre de su hija, perdido en México hace años, debía firmar para que la niña pudiera salir.
Miriana* también lo sabe. Madre de dos niñas, vio cómo su expareja cruzó fronteras, rumbo a Estados Unidos sin avisar, dejándola atrapada en La Habana. Su sueño de estudiar en Málaga se desmoronó porque, sin el permiso del padre, su hija menor no tiene pasaporte.
Lorena*, por su parte, debió tomar una decisión radical para salir con su hijo.
Estas historias no son excepciones: son el eco de un éxodo sin precedentes. En los últimos tres años, Cuba ha perdido a más personas que nunca en su historia. Desde 2020, más del 18% de la población se ha ido, huyendo de la miseria y un sistema político que ahoga.
La crisis también ha afectado a niños y niñas. Solo en el año fiscal 2024, llegaron a Estados Unidos, aproximadamente 1,400 menores de edad no acompañados por al menos uno de sus progenitores.
Pero, ¿qué sucede con las madres que han quedado atrás junto a sus hijes pequeños? La escena se vuelve recurrente: el padre va antes para ir abriendo paso; y a veces tarda demasiado; y a veces es mejor estando juntos, porque el gorrión es traicionero y quizás merman las fuerzas; y a veces deja de escribir y el sueño de sacar adelante a los hijes en un lugar más próspero se desmorona.
Miriana
Hace algunas semanas mientras hacía fila en el registro civil del municipio Plaza de la Revolución, conversé con una joven madre que andaba desenterrando ancestros gallegos, en busca de mejorar sus oportunidades de migración mediante el proceso de Ley de Memoria Democrática que promueve desde hace dos años el gobierno español. Se había volcado en busca de sus raíces paternas frente a la imposibilidad de viajar al extranjero acompañada de sus niñas pequeñas: «¡Quizás si las hago españolas vulnero el sistema!», me dijo.
No lo comprendí bien al principio, así que nos adentramos en la conversación. Miriana es una cubana que tuvo que renunciar a un programa de licenciatura en Contabilidad y Marketing Digital en la Universidad de Málaga el año pasado, pues el padre de sus hijas es uno de los tantos jóvenes que, en agosto de 2024, partió rumbo a Estados Unidos cruzando fronteras.
Ese era su plan, pero nunca se lo comentó a Miriana. Poco después de que él se fuera, a ella le aceptaron su postulación en la universidad, pero, por más que imploró en las instituciones pertinentes e intentó usar su astucia, no hubo manera de conservar la plaza. La menor de sus hijas sigue sin pasaporte, ya que el trámite no puede realizarse sin la autorización legal del padre.
Para que un menor de edad pueda salir de Cuba, generalmente se necesita el consentimiento expreso de ambos padres. Este consentimiento se formaliza a través de un acta notarial de autorización para la obtención del pasaporte.
En 2022, cuando la hija menor de Miriana aún no había nacido, se plantearon por primera vez la idea de salir del país en familia, los tres; la mayor de las niñas tenía entonces tres años. En aquel momento no lograron reunir el monto que se habían propuesto como meta para una travesía «menos peligrosa» que pudiera incluir a su hija. Sostener la vida en La Habana se encarecía día tras día, y ahorrar era cada vez más difícil: los números avanzaban lentamente.
La relación comenzó a deteriorarse y, para el quinto mes de embarazo de la segunda hija, ya estaban separados. Después de eso, la comunicación se fue deteriorando, no solo con Miriana, sino también con su hija mayor. Apenas hubo un roce en los días del nacimiento de Amanda, la más pequeña, pero no mucho más. Actualmente, Miriana sabe poco de su expareja, quien finalmente sobrevive en Guyana, aún sin resolver su estatus migratorio, según cuenta su familia.
Ella finalmente dejó de hacer los trámites para obtener la autorización del pasaporte de la niña y se enfocó más en el plan familiar de obtener la nacionalidad española, ya que esta incluye el pasaporte.
Según le dijeron a Miriana, solo algunas aerolíneas exigen la autorización impresa del padre al momento del vuelo, especialmente en el caso de boletos turísticos o paquetes de viaje.
Sin embargo, aunque algunas aerolíneas pueden no solicitar el documento, varios países de destino y de tránsito sí requerirán una autorización notarial expresa y firmada por el padre o madre que no viaja.
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En septiembre de 2022, se aprobó mediante plebiscito un nuevo Código de las Familias en Cuba. La nueva ley introdujo una serie de reformas que, pese a un sinfín de críticas y debates (algunos de ellos promovidos desde la oficialidad), marcaron un punto de inflexión interesante en cuanto a custodia y filiación. Los derechos y deberes hacia los hijes ya no serían un asunto exclusivo de madres o padres. Se comenzó a hablar de los derechos filiales de abuelos y otros familiares, incluyendo compañeros sentimentales de alguno de los progenitores. Y si bien continuaron existiendo lagunas respecto a la comunidad LGTBIQ+ y las diversas formas de filiación que de ella pudieran derivar, en términos generales, la norma trajo algunos cambios positivos.
Uno de los aspectos más llamativos de la ley era la posibilidad de que aquellas madres cuyos hijes estaban enteramente a su cuidado, tras el abandono del menor por parte del padre, pudieran interponer un recurso legal ante un tribunal para gestionar situaciones que requirieran la firma del progenitor ausente. Tal es el caso de la autorización para la tenencia de pasaporte y viaje.
En términos legales, el Código de las Familias y la Instrucción 279 del Consejo de Gobierno del Tribunal Supremo Popular ofrecen mecanismos para resolver conflictos relacionados con la salida de menores del país.
Si existe una «razón objetiva» que impida a uno de los padres dar su consentimiento, un tribunal puede emitir una autorización para que el menor obtenga el pasaporte con la firma de solo uno de los progenitores.
Si bien la normativa no especifica cuáles son las «razones objetivas» que el tribunal podría considerar, un texto del sitio especializado Legalis señala: «Podría interpretarse, por ejemplo, que cuando uno de los padres vive fuera de Cuba en un lugar donde no hay oficina consular o está imposibilitado de acceder a ese tipo de servicio por razones materiales, tiene razones objetivas que le impiden emitir su consentimiento».
En casos donde se desconoce el paradero de un progenitor o este no se ocupa de sus hijes, la Instrucción 279 permite solicitar al tribunal una autorización para que el menor obtenga el pasaporte y salga del país con la firma del padre que tiene su cuidado, sin necesidad de suspender o cancelar la responsabilidad parental, en un proceso supuestamente más ágil. Para ello, se deben presentar pruebas del abandono o del incumplimiento de las obligaciones parentales, advierte Legalis.
Sin embargo, demostrar que un padre ha abandonado a su hijo implica un proceso largo que puede llevar hasta once meses, y casi siempre resulta frustrante.
«Es un año entero dedicado a demostrar que el padre ha desaparecido de la vida del niño. Lo peor es que, si a los diez meses y veintinueve días el hombre envía un simple “hola” por WhatsApp, el proceso se anula automáticamente. Además, legalmente, si un padre mantiene contacto con su hijo, aunque sea solo una vez cada tres meses, no se le considera ausente», asegura una madre habanera que prefirió el anonimato.
En los casos en los que no se logra probar el abandono, o cuando ambos padres se ocupan del niño, pero uno de ellos se niega a permitir su salida del país, en teoría, y de acuerdo con la ley, el progenitor interesado puede presentar una demanda judicial para que el tribunal determine si la salida es lo más beneficioso para el menor, considerando incluso su opinión según su autonomía progresiva.
Sin embargo, los testimonios de las madres entrevistadas muestran que la realidad ha resultado ser más compleja y que la ley no siempre se aplica.
Lorena
Tras la entrada en vigor del Código de las Familias, muchas mujeres cuyas parejas (hombres) habían salido de Cuba, acudieron a la nueva ley para garantizar la salida de sus hijes.
Tal es el caso de Lorena y Luis*, los padres de Yankiel*, de cuatro años de edad. Yankiel y Lorena viven actualmente en EE. UU. con la abuela materna; ambos se sumaron al grupo de cubanos beneficiados con el parole humanitario. Pero para conseguirlo, primero Lorena —con el acuerdo de Luis— tuvo que suprimir la filiación paterna del niño, la opción que consideró más expedita. Luis ya había salido solo y, por azares de la vida, no terminó la travesía: consiguió una mejor oportunidad en una empresa de programación informática en Brasil.
Luis estaba en Guyana cuando llegó la posibilidad del parole para Lorena. En ese momento, acudir al consulado cubano para cualquier trámite relacionado con el niño, desde la perspectiva de la familia, implicaba un riesgo de deportación. En esa época, estaban devolviendo a personas que aún no habían logrado continuar su viaje y se encontraban varadas sin trabajo ni recursos.
Él podría haber esperado a que la situación se estabilizara, pero esto chocaba con los plazos del parole humanitario de la familia. Ya Lorena había perdido la oportunidad de viajar a Europa por una maestría, y no quería arriesgarse nuevamente. Decidieron avanzar con la alternativa que consideraron más segura: retirar la filiación paterna. Lorena alegó abandono por parte del padre y su deseo expreso de dejar de ser parte de la vida del niño, poniendo en dudas de los lazos biológicos que los unían. Entre las evidencias debió además exponer «correspondencia explícita» de su pareja diciendo que iniciaba una nueva vida y otra familia donde ya no cabrían Lore y su pequeño. Que ya no quería volver a saber de ellos, que incluso nunca había estado seguro de ser el padre biológico del niño, así que tampoco tendría remordimientos.
Juntos tomaron esta decisión para asegurar el futuro del niño, con la esperanza de que después haya un momento más adecuado para restituir los lazos legales de Yankiel y su papá. «Lo que importa es el amor y, sobre todo, no perder la oportunidad de sacar al niño, ya después se verá», dijo Lorena mientras conversábamos para este reportaje.
Como Lorena, muchas otras madres lograron, pese a lo dramático de la solución, salir de la Isla acompañadas de sus pequeños. Algunas alegando y demostrando abandono como Lorena, otras argumentando dudas respecto a la paternidad, entre otros supuestos. Pero como suele suceder en Cuba, luego de un tiempo esta posibilidad también comenzó a alejarse.
Aunque la ley sigue vigente, en la práctica, el proceso que realizó Lorena es denegado desde su presentación ante cualquier tribunal si la causa del abandono es la migración. En el último año, según varios testimonios recogidos para este reportaje, en tribunales de Centro Habana, Plaza de la Revolución, y Centro Habana, no dieron acuse de recibo a recursos interpuestos por las madres.
Una jurista del bufete especializado del municipio Playa en La Habana, explicó en anonimato para el reportaje que ya no revisan casos de abandono paterno si el padre emigró, solo es posible actualmente «sustituir un padre por otro» en el caso de que pueda la madre demostrar que el nuevo padre es realmente el padre biológico. Asimismo, y como objetivo principal de este anti procedimiento de los tribunales habaneros, en la actualidad, las solicitudes de autorización de viajes que interponen las madres imposibilitadas de contactar con el progenitor de sus hijes menores, tampoco están siendo revisadas.
La escena probablemente nos recuerde cientos de situaciones similares en diversos contextos. Parece ya una norma del Estado cubano proponer cambios legislativos que suponen beneficios para los ciudadanos que inmediatamente después contradicen en la práctica, y convertir estos supuestos beneficios en reprimendas y censura como un gobierno demoledor de la luz solo sabe hacer.
Yelenia
Yelenia nunca soñó con Italia. No le importan sus plazas ni su historia. Si pudiera elegir, se quedaría en Cuba, pero la realidad la obliga a huir de un país que se derrumba. No solo la falta de dinero, sino la ausencia de lo más básico: comida, medicinas, electricidad. Cada día le cuesta más conseguir leche para su hija Mariana, de seis años. La niña ya sabe lo que es acostarse con hambre y vivir sin luz. Cuando surgió la oportunidad de emigrar a Italia, Yelenia vio un escape. No por ilusión, sino por supervivencia. Pero el sistema se encargó de cerrarle la puerta.
Mariana no podía viajar con ella porque necesitaba el permiso de su padre, Jorge, quien había desaparecido en México años atrás, atrapado en su propia lucha como indocumentado. Lo buscó en redes sociales, contactó a conocidos comunes, pero nunca logró dar con él. Y sin su firma, Mariana no podía salir del país. Desesperada, Yelenia intentó buscar una solución. Visitó oficinas gubernamentales y bufetes de abogados, explicó su caso a funcionarios que apenas la miraban. Se enfrentó a respuestas frías y ambiguas: «Regrese otro día». «Necesitamos la firma del padre». «Es el procedimiento». No importaba que Jorge estuviera desaparecido, que no hubiera manera de localizarlo, que su hija solo tuviera a su madre. La ley en Cuba rara vez tiene espacio para la lógica o la compasión.
Cada trámite era un laberinto sin salida en el que ni siquiera se le daba acuse de recibo. No existía una vía clara para obtener una excepción, ningún mecanismo u orientación transparente que le permitiera avanzar, pese a que, en teoría, están contenidas en la ley las vías de solución para su caso. Sin embargo, la arbitrariedad es lo que prima en la realidad. Había personas que le insinuaban que, con la cantidad de dinero adecuada, las cosas podrían moverse más rápido. Pero Yelenia no tenía dólares para sobornos, solo tenía paciencia y angustia. Los días pasaban y el tiempo jugaba en su contra. La visa tenía fecha de vencimiento. El pasaje estaba comprado. Su madre insistía en que aprovechara la oportunidad y viajara sola, que después encontraría la manera de reunirlas. Pero Yelenia no podía concebir la idea de dejar a su hija atrás.
Una noche, mientras Mariana dormía, ella se sentó en el sofá con la mirada perdida. Pensó en el futuro, en cómo sería quedarse atrapada en un país en ruinas. La idea de seguir luchando por arroz y aceite, de ver a su hija crecer sin oportunidades, sin ilusiones, sin otra perspectiva que la miseria, la desgarró por dentro. Los días pasaban y el tiempo se agotaba. Su visa tenía fecha de vencimiento. Su boleto estaba listo. Pero cuando Mariana la abrazó esa mañana, Yelenia supo la respuesta. «¿Cuándo nos vamos, mami?», preguntó la niña. Yelenia le acarició el cabello y sonrió con tristeza. «No te preocupes, mi amor. Mamá no se va a ninguna parte sin ti». A veces, los sueños deben esperar, fue el consuelo para la niña; pero bien sabemos que en Cuba, la espera podía durar toda una vida.
…
La legislación pertinente debería ser revisada desde su aplicación, y realizar análisis individuales en cada caso. No generalizar y obstruir vías de solución para las madres que se encuentran en esta disyuntiva.
Siendo un derecho legítimo que los padres ausentes participen en decisiones tan importantes como la migración de sus hijes, debería ser posible, en primer lugar, realizar el trámite a través de los consulados cubanos en los distintos países donde se encuentren, sin que sea un requisito la demostración legal de domicilio en dicho país. En circunstancias de irregularidad migratoria, es difícil suscribir contratos de renta u otros procesos similares.
Además, otorgar permiso para la tenencia de pasaporte y viaje no implica, en absoluto, un proceso equivalente al de reunificación familiar o una invitación al país donde reside el progenitor. En este sentido, los consulados deberían resguardar los derechos de los padres sobre sus hijes menores sin mayores complicaciones burocráticas, pues sigue siendo la madre o tutorx —dentro del marco legislativo cubano y bajo una gran cantidad de controles jurídicos— quien da curso y finalidad al trámite en sí: la obtención del pasaporte por parte del menor.
En segundo lugar, debería ampliarse el espectro de opciones digitales para este proceso, de modo que los padres —quienes siguen siendo ciudadanos cubanos— puedan realizar trámites ante las instituciones cubanas a distancia y hacer valer sus derechos filiales sobre sus hijes que han quedado en Cuba.
Y, en tercer lugar, para ser más justa, la ley debería contar con instrumentos de corroboración e investigación más eficaces en los casos de padres que dejan de tener contacto con sus hijes, simplificando un proceso actualmente engorroso y burocrático que puede tardar años en resolverse legalmente. No debería estrangular la libertad ni el derecho de las madres a decidir y garantizar un mejor presente y futuro para sus hijes.
Durante un periodo de dos años o más, según las leyes migratorias del país donde se encuentren, los padres enviarán remesas a sus hijos ante la imposibilidad de iniciar un proceso de reunificación familiar o dar una autorización de viaje desde el extranjero; algo que sin dudas favorece al Gobierno.
Esta situación fuerza a muchas mujeres, madres de menores, a renunciar a ofertas de trabajo o estudio en el extranjero por no poder viajar con sus hijes.
Más dolorosos aún son aquellos casos en que las madres deciden sacrificarse y salir del país, dejando a sus hijes bajo la custodia de abuelos u otros familiares. Entonces, el gobierno vuelve a ganar: recibe las remesas que ellas envían a sus hijes, pues esa se convierte en la única vía para garantizar al menos un bienestar económico a los pequeños, a costa de un daño emocional irreparable.
En una Cuba donde las injusticias sociales de todo tipo aumentan cada día, las mujeres seguimos llevándonos la peor parte. No solo enfrentamos la indefensión ante el creciente número de femicidios y la falta de miradas feministas en los distintos escenarios sociales y jurídicos; ya no se trata solo de ojos y oídos que se cierran ante nuestras necesidades reales, sino de cómo se utilizan recursos que supuestamente deberían garantizar derechos para exprimirnos física, mental y emocionalmente, exponernos al juicio público y colocarnos en una disyuntiva vital: la supervivencia, con familias fragmentadas desde el afecto más profundo —el de una madre y sus hijes— o quedarse sumidas en el hambre y la decadencia.
*Los nombres de las madres entrevistadas fueron cambiados por su protección.
Sobre la Autora
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Sobre la Autora 〰️
Afrika Reina
(Matanzas, 1989). Artista cubana del spoken word, miembro del Movimiento de San Isidro (MSI)